Museo de la Lengua Portuguesa: la conversación más allá de la especificidad medial
Por Manuel Guerrero

Vista de la exposición FUNK: Um grito de ousadia e liberdade, en el Museo de la Lengua Portuguesa, 2025.
Foto: Museo de la Lengua Portuguesa.
El 15 de noviembre de 2025, el Museo de la Lengua Portuguesa (Museu da Língua Portuguesa, ubicado en São Paulo, Brasil) inauguró la exposición FUNK: Um grito de ousadia e liberdade,[1] dedicada a revisar el funk paulista: una vertiente del género musical nacida en São Paulo en la década de 1990 y que se ha extendido hasta las primeras décadas del nuevo milenio, misma que nutrió significativamente la producción artística y la moda de Brasil a través del imaginario cultural gestado en las periferias urbanas.
Compuesta por más de 470 obras y objetos pertenecientes al acervo de FUNK TV —incorporado en años recientes al museo—, entre los que se encuentran pinturas, fotografías y registros audiovisuales, la muestra tiene como hilo conductor los usos del lenguaje y la voz configurados a partir del funk; elementos que se vuelven determinantes para dilucidar las articulaciones sociales y la dimensión política que vino con su aparición.
Si bien la voz ocupa un espacio predominante en la selección curatorial y en los materiales desplegados —pues la entonación y los recursos vocales gestados a partir del estilo musical revela las intenciones creativas y los códigos culturales alrededor del género—, al observar las piezas incluidas en la muestra, destaca la virtual desaparición del lenguaje en medio del protagonismo que ostentan los desdoblamientos mediales presentes, gran parte de ellos alejados de los formatos textuales: son otros soportes los que narran la historia del funk paulista.

Vista de la exposición FUNK: Um grito de ousadia e liberdade, en el Museo de la Lengua Portuguesa, 2025.
Foto: Museo de la Lengua Portuguesa.
Probablemente esto no debería tomarnos por sorpresa al considerar que el recinto donde se aloja la exposición fue concebido con la intención de revalorar “la diversidad de la lengua portuguesa, celebrarla como elemento fundamental y fundador de la cultura y acercarla a los hablantes del idioma en todo el mundo”:[2] palabras que solo intensifican el desplazamiento de la especificidad medial de la lengua. Sin embargo, cabe preguntarse una cuestión: si hoy en día la lengua portuguesa está disgregada en diferentes manifestaciones culturales, muchas de ellas vivas y todavía en desarrollo, ¿qué lugar ocupa la lengua en el museo —en su museo—? Menciono esto porque la literatura en torno a la pertinencia de los museos en el mundo moderno ha enfatizado la condición casi mortuoria que los atraviesa: para Giorgio Agamben, el museo es “una dimensión separada en la cual se transfiere aquello que en un momento era percibido como verdadero y decisivo, pero ya no lo es más”;[3] en palabras de Agamben, el museo representa “una forma de vida ya desaparecida”.[4]
En resumen, el riesgo que se corre al inscribir una práctica en el ámbito del museo es que, casi por defecto, se asume que sus discusiones e importancia han dejado de ser social y culturalmente operativas. Según Agamben, este es el destino que le espera a cualquier objeto o concepto que entre en el reino del museo, pero el discurso bajo el que se concibió el Museo de la Lengua Portuguesa sostiene la firme convicción de que, al mismo tiempo que la perfila como un elemento fundador de la cultura portuguesa, la acción de inscribirla en la dinámica museística le brinda una oportunidad única para aproximar ese legado a los lusófonos nativos y quienes —por distintas circunstancias— recién se integran a su historia. Evidentemente, una exposición como FUNK está atravesada por una dimensión archivística, lo que le permite a los espectadores adentrarse en una interpretación que condensa la complejidad del fenómeno cultural detrás del género musical, pero, ¿cómo habría de leerse tal celebración por la actualidad de la cultura que circula en el portugués, de cara al fúnebre semblante que parece recibir a los visitantes de los museos?
Ante tal disyuntiva, sugeriría una tercera vía, brindada por las reflexiones del teórico Boris Groys, para quien los museos de cara a un nuevo milenio no son espacios ajenos a la dinámica cultural contemporánea, sino que son su condición de posibilidad:
(…) cualquier cambio en la colección del museo cambia nuestra percepción de la realidad misma –después de todo, en este contexto la realidad puede ser definida como la suma de todas las cosas que aún no han sido coleccionadas–. La historia no puede ser entendida como un proceso del todo autónomo que ocurre fuera de los muros del museo. Nuestra imagen de la realidad depende de nuestro conocimiento del museo.[5]
Bajo esta perspectiva, inscribir a la lengua dentro de la gramática del museo tiene como objetivo construir un punto de contraste para identificar aquellos usos de la voz en desarrollo, y mostrar la dimensión plástica y poética de los mismos; al recopilar —dentro del museo— una serie de materiales o medios que den cuenta de esos cambios, es posible rastrearlos e incorporarlos de manera efectiva en el gran relato que se ha generado desde el caso particular del portugués y que, por extensión, es la visión que se mantiene en el mundo real. Visto desde otra perspectiva, gracias al funk paulista, la voz deja de ser un medio de comunicación plano para ser el punto de encuentro de una diversidad cultural.

Vista de la exposición FUNK: Um grito de ousadia e liberdade, en el Museo de la Lengua Portuguesa, 2025.
Foto: Museo de la Lengua Portuguesa.
Retomemos lo dicho hasta ahora y volvamos al caso específico de la exposición, solo para advertir que tal esfuerzo de recuperación de la lengua —a través de materiales que no tienen que ver precisamente con la escritura o el habla— es una forma de exhibir su fortaleza y pertinencia cultural, sin depender de las visiones logocéntricas que pudieran esgrimirse cuando se habla de ella.
En un ejercicio que puede resultar paradójico, la exposición revela que la lengua y la voz se han desenmarcado de sí mismas para mostrar su decisiva influencia, al grado de que pueden persistir sin siquiera depender de la palabra. No obstante, habría que ser cautelosos y evitar pensar que, por ello, dichos elementos se han convertido en una especie de ser metafísico, cuya injerencia en la cultura se da por una dialéctica incorpórea; por el contrario, la escisión que representan ha tenido como consecuencia la intensificación de su objetualidad por medio de los usos de la voz mencionados, vertidos en cada uno de los objetos y fotografías que se encuentran en la exposición, lo que explica su afinidad con la lógica del museo.
Es así que la voz y la lengua han adquirido un estatuto híbrido, estableciéndose en un punto medio entre distintos medios: no es extraño, por ende, que se volviera tan difícil tipificar su procedencia y paradero, pues fluye a través de diferentes modos de representación, de los que el museo reporta su complejidad a través de exposiciones como FUNK: Um grito de ousadia e liberdade; eventos que hacen del objeto museístico un asunto tan complejo como el mundo mismo en el que se desenvuelve. La transversalidad medial, la fuga de puntos genealógicos que acontecen en esta exposición son —aludiendo a lo dicho por Groys—, una imagen venida del museo que permite comprender el mundo.
A manera de cierre para este texto, quisiera mencionar que el Museo de la Lengua Portuguesa no ha estado solo en su apuesta por desdoblar la especificidad medial de la lengua para así profundizar en los pormenores de su relación con la dinámica cultural de la que proviene: por un lado, la construcción de una Fonoteca Nacional en Portugal —cuya inauguración está proyectada para el 2026— revela la importancia de pensar y valorar el legado que se está gestando en los medios sonoros, sumándose al trabajo que se ha realizado desde la Colección Música y Fonoteca, de la Biblioteca Nacional de Brasil; y por otro lado, es preciso destacar que países como México han mostrado una afinidad con tales esfuerzos.
Un ejemplo reciente es la exposición Entre leer y oír. Un acercamiento sonoro al patrimonio: exposición inaugurada el 30 de septiembre de este mismo año en la Biblioteca Nacional, y gestionada por dicho recinto en colaboración con la Secretaría de Cultura a través de la Fonoteca Nacional, que tuvo como finalidad estudiar los cruces y correspondencias entre la cultura sonora y la lectura en México, a través de documentos cuya temática va desde la época prehispánica hasta el siglo XXI. Su curaduría estuvo integrada por productos editoriales de diversa índole, grabaciones musicales de tendencia experimental o provenientes de la cultura popular, dispositivos de audio y obras de arte a cargo de creadores contemporáneos interesados en indagar en el binomio sonido-texto.

Vista de la exposición Entre leer y oír. Un acercamiento sonoro al patrimonio, 2025.
Foto: Biblioteca Nacional @bibliotecanacionaldemexico
La descripción general brinda pistas de la similitud con lo visto en São Paulo y de cuán importante se ha vuelto —para las instituciones dedicadas a salvaguardar el patrimonio discursivo de una nación— enfatizar que sus acervos son muestra de una rearticulación cultural todavía en proceso, que se vuelve efectiva gracias a una mirada intermedial donde la lengua y la voz son ámbitos de flujo para reconocer las influencias y permeabilidades de cada medio sensible. Lo destacable del caso mexicano es que tal compromiso se está realizando sin un museo dedicado exclusivamente para la lengua: sería complicado denominar un espacio en México que funcione como un homólogo certero de lo que se está realizando en el Museo de la Lengua Portuguesa. Más bien, se está aprovechando la infraestructura institucional ya existente para explorar las coincidencias entre los recintos.
Las repercusiones que producirán cada una de estas dos vías es un asunto que está por definirse, pero es evidente que hay una preocupación común por entablar una conversación que trascienda a las palabras.
Referencias
—Agamben, Giorgio. Profanaciones. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2005.
—Groys, Boris. “Sobre lo nuevo” en Antología. Mérida: COCOM Press – Escuela Superior de Artes de Yucatán, 2013.
[1] La muestra se presentó originalmente en el Museu de Arte do Rio, en 2023. Foto:osndo en ele se estua Portuguesa.
[2] Página oficial del museo. https://www.museudalinguaportuguesa.org.br/es/
[3] Giorgio Agamben, Profanaciones, (Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2005), 109.
[4] Giorgio Agamben, ibid, 110.
[5] Boris Groys, “Sobre lo nuevo” en Antología. (Mérida: COCOM Press – Escuela Superior de Artes de Yucatán, 2013), 11.